Un día se topó con su pesadilla. Se levantó de la cama mareada, bañada en un sudor frío y con la presión baja. Se encontraba en penumbras, por lo tanto buscó a tientas el boton que iluminaría al reloj de su mesita de luz y se sorprendió que ya no fuera de mañana, y que sólo hubieran pasado mas o menos quince minutos desde que se creyó dormida.
Ella recordaba que una vez, en un diario, tal vez en una revista, había leido una frase muy peculiar. No recordaba ni en que sector de que papel se encontraba. Tampoco si refería a la medicina, a la autoayuda, metáforas, o cuentos de papel barato que no lee nadie y su autor es etéreo.
El chocolate blanco es malo para el corazón
Pero claro, cada vez que tenía ese sentimiento no pensaba en la frase. A cambio abría el cajon de su mesita de luz y sacaba una barrita blanca de chocolate. Entonces volvía a dormirse.
A veces pienso que creía que matándolo físicamente se reduciría su suceptibilidad.
Ella recordaba que una vez, en un diario, tal vez en una revista, había leido una frase muy peculiar. No recordaba ni en que sector de que papel se encontraba. Tampoco si refería a la medicina, a la autoayuda, metáforas, o cuentos de papel barato que no lee nadie y su autor es etéreo.
El chocolate blanco es malo para el corazón
Pero claro, cada vez que tenía ese sentimiento no pensaba en la frase. A cambio abría el cajon de su mesita de luz y sacaba una barrita blanca de chocolate. Entonces volvía a dormirse.
A veces pienso que creía que matándolo físicamente se reduciría su suceptibilidad.
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