jueves, 29 de diciembre de 2011

Fuí al infierno, esta mañana volví y me dolía todo el cuerpo.
Casi ni pude moverme, y me di cuenta lo sola que me sentía.
Quise volver a llorar, pero mis ojos seguían inchados. Rugió mi estómago, quise levantarme y ni me moví al darme cuenta que había perdido el hambre.
Nadie sabe este secreto. Y los que lo saben son personas que nunca más volví a ver.
A veces me ven de lejos, pero nunca me encuentran.
¿Quienes son entonces, si nunca saben donde estoy?
Voy a estar un tiempo más tratando de encontrar respuesta a alguna de mis tantas preguntas.

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